De la prostitución y sus fundamentos: recorrido histórico (parte I)

Primera entrega de “De la prostitución y sus fundamentos”. Un recorrido histórico de una actividad objeto de controversias.

Primera entrega de De la prostitución y sus fundamentos | Por Malena Malacalza |

   

Cualquier acercamiento a la prostitución exige como punto de partida entender que no hay un solo fenómeno que pueda llamarse de ese modo sino que han existido formas muy variadas que responden a diferentes significados y orígenes.

En general, el debate sobre la prostitución no suele abordarse dentro de un contexto histórico, por lo que siempre queda oculto su vínculo con la situación de las mujeres en distintas épocas. En este sentido Beatriz Gimeno nos ilustra: 

“Para abordar la prostitución adecuadamente es imprescindible estudiar las relaciones de género hegemónicas en cada momento histórico, porque la prostitución tiene que ver, fundamentalmente, con el tipo de relación que cada sociedad, en cada momento, establece entre hombres y mujeres. Por tanto entendemos aquí la prostitución siempre como una relación. No hay prostitución sin más, sino relaciones de prostitución, situaciones muy diversas en las que las mujeres se han relacionado con los hombres para ofrecerles sexo a cambio de dinero o de bienes”.

Sin ánimos de adelantar, me atrevo a hacer una primera reflexión: el patriarcado siempre encuentra una manera de manifestarse incluso en las sociedades más progresistas.

De los fundamentos de la prostitución

  • “El trabajo sexual es la actividad voluntaria de personas mayores de 18 años que ofrecen o prestan servicios de índole sexual a cambio de retribución económica”
  •  “Las trabajadoras sexuales necesitamos una ley para ejercer nuestra actividad, amparada en derechos laborales, como cualquier trabajador/a registrado/a en el país (…)” (Asociación de mujeres meretrices de la Argentina -Ammar).
  •  La posición abolicionista mantiene que la prostitución de mujeres solo puede ser analizable desde la perspectiva de la historia de la desigualdad entre hombres y mujeres (…), la prostitución, que definen como violencia contra las mujeres, no es comparable con ningún otro trabajo. En realidad, es el núcleo de una relación de dominación en bruto, sin mediación alguna” (Ana de Miguel Álvarez, “La prostitución de mujeres, una escuela de desigualdad humana”).

 

Saber a quién consideramos social o legalmente prostituta -y por ende sobre qué mujeres se aplican las políticas relativas a la prostitución- no es tarea fácil. La  cuestión tiene lo que algunas autoras llaman “un matiz ideológico casi invisible”.

La RAE define a la prostitución como “la actividad a la que se dedica quienes mantienen relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero”, y a la prostituta como “la persona que mantiene relaciones sexuales a cambio de dinero”.

Este concepto es viable en el mundo actual, en el que casi toda actividad humana se expresa en términos monetarios, pero en el pasado no ha sido tan sencillo delimitarlo; no se ha considerado siempre al dinero como característica esencial para la definición. En otros momentos y en otras culturas, lo relevante ha sido la actividad en sí misma. En la edad media, por ejemplo, cualquier mujer con experiencia sexual, consentida o no, fuera del matrimonio, era una prostituta incluso cuando no cobraba.

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La prostitución como “el empleo más antiguo del mundo”

Cuando hablamos de la prostitución debemos referirnos a la sexualidad, puesto que están íntimamente vinculadas y es esta última la que crea y reproduce relaciones de desigualdad entre hombres y mujeres. Más aún, debemos referirnos a la doble moral sexual: un conjunto de postulados que indican que hay cuestiones éticamente aceptadas para los hombres pero no para las mujeres (o al menos para algunas mujeres).

Los hombres han sido el sujeto en casi todos los sentidos posibles, y como tal, definieron la sexualidad como su sexualidad. Es así como establecieron distintas instituciones que les garantizaban la variedad en sus parejas sexuales. Entre estas, la prostitución.

Frente a esta situación de “comprensión y tolerancia de la promiscuidad masculina”, las mujeres fueron divididas en dos grupos: las mujeres públicas, destinadas a satisfacer el deseo sexual de los hombres, y las mujeres destinadas al matrimonio, quienes renegaban de su sexualidad.

La época victoriana. Sexualidad y Revolución Industrial en el siglo XIX

La época victoriana de la historia del Reino Unido marcó el auge de la Revolución Industrial y del Imperio británico. Aunque esta expresión se usa comúnmente para referirse al largo reinado de Victoria I (1837/1901), también refiere a los profundos cambios ocurridos en las sensibilidades culturales.

La doble moral sexual encuentra en la era victoriana su mayor esplendor: paralelamente a las estrictas y conservadoras costumbres de la época para las mujeres de las clases sociales más altas,  se desarrollaba un mundo sexual subterráneo donde proliferaba la prostitución. Se creó una sociedad exacerbada de moralismos y disciplina, con rígidos prejuicios y discursos de sexualidad como nunca habían existido en el mundo Occidental.

La prostitución fue una de las principales actividades económicas que caracterizaron Inglaterra en el periodo victoriano, concentrándose en centros urbanos como Londres y Gales, en barrios específicos y en burdeles, y tuvo como protagonistas a las mujeres de clase media y baja, mujeres que se encontraban desprotegidas por haber enviudado, por tener maridos alistados en el ejército o mujeres con pocos recursos. Es así como comienza a perfilarse en el siglo XVIII el modo de prostitución contemporáneo.

La actividad sexual femenina (por supuesto, de la clase alta) quedó neutralizada y reducida a un solo fin: la reproducción, cuando fuere necesaria. Mientras tanto, resultaba lógico –y era de buena práctica- que los hombres estuvieran con una variada cantidad de mujeres, que al parecer podían incumplir las reglas al solo efecto de darles placer.

 


“Las mujeres fueron divididas en dos grupos: las mujeres públicas, destinadas a satisfacer el legítimo deseo sexual de los hombres, y las mujeres destinadas al matrimonio”


 

La revolución industrial y los discursos de sexualidad construidos en ella no pueden considerarse como dos situaciones sin punto de encuentro, meramente casuales. Uno fue condición de posibilidad del otro.

El modelo de producción capitalista exigió que los cuerpos sean concebidos y tratados en miras a los intereses productivos económicos de la época : consumo y acumulatividad. La movilidad social producida por el desarrollo del capitalismo industrial creó nuevas demandas a gran escala por lo que era necesaria mano de obra barata.  Para ello, se requería rapidez y eficacia y de ahí que fuera necesario instruir unas reglas para el cuerpo y posibilitar que las mujeres contribuyan en el trabajo en la industria, modificando este concepto de la familia tradicional arraigada a la tierra, reduciendo la cantidad de miembros que la integraban.

De ese modo, se produjo una represión de los cuerpos traducida en un control de la sexualidad  atravesado por el saber y el control de la misma. El sexo era considerado un problema: “el placer sexual era un interés particular que escapa de toda dominación, se escapaba  del interés general de la producción industrial y del orden social”. 

Sin embargo, es necesario volver a advertir en este punto, qué eran las mujeres quienes encontraban coartada su sexualidad, mientras tanto: los hombres consumían prostitutas.

Este modelo es el que caracteriza la época victoriana, pero dichas prácticas no fueron cometidas única y exclusivamente en el Reino Unido, sino que trascendieron sus fronteras hasta llegar a todo el Occidente.

Este orden de cosas permaneció relativamente incuestionable hasta el desarrollo de los movimientos feministas del siglo XIX. Las feministas y los diferentes socialismos fueron críticos con esta doble moral sexual y lucharon por la autonomía de las mujeres en los más amplios sentidos. La denuncia de la doble moral sexual tomó la forma de defensa del derecho de divorcio y también una posición crítica sobre la prostitución.

Ana de Miguel en su trabajo La prostitución, una escuela de desigualdad humana introduce el concepto de “ideología de la prostitución”: un conjunto de postulados favorables a que los hombres vayan con mujeres prostituidas y a que las mujeres lo acepten. Por un lado, se parte de la base de que el hombre tiene derecho a satisfacer sus necesidades sexuales. Por otro, a que la sociedad debe proporcionarles un mercado de mujeres para satisfacerlas.

Desde argumentos conservadores, se sostiene que lo que es bueno para los hombres es malo para las mujeres y viceversa. De este modo, es conveniente que los hombres tengan relaciones sexuales lo más variadas que puedan antes del matrimonio, siendo el mismo núcleo familiar quien llevaba a los hombres a debutar a los prostíbulos, mientras que la mujer debía permanecer virgen hasta el matrimonio.

Se consideraba así a la prostitución como un mal menor para evitar que el  hombre pudiera tener estas necesidades insatisfechas. Advierte, sin embargo que ésta ideología es muy elástica, y que la prostitución se legitima tanto desde posturas conservadoras como desde liberales y progresistas. Esos argumentos pudieron funcionar durante un largo tiempo, pero luego la opresión encontró nuevas maneras de manifestarse y transformarse.

marcha feminista

Los años 60: drogas, sexo y rock and roll. Haz el amor, no la guerra.

La revolución sexual del año 1960 fue un punto de inflexión del modelo sexual tradicional y “la doble moral sexual” en casi todos los países de Europa Occidental. Su mayor auge fue entre 1970 y 1980, con consecuencias que aún siguen vigentes. Esta revolución supuso una reivindicación a la libertad sobre los cuerpos y la sexualidad como parte integral de la condición humana, la aceptación de las más diversas relaciones sexuales, en parte gracias a los avances tecnológicos en materia de métodos anticonceptivos, y de la legalización de prácticas como el aborto.

Sin embargo, como advertimos hace un momento, la ideología de la prostitución encontró el modo de reproducirse en esta nueva era, donde los argumentos anteriores quedaban anticuados.

 


“La ‘mujeres de familia’ se reprimían, los hombres consumían prostitutas”


 

El sexo empezó a concebirse como algo bueno, moderno y trasgresor, como algo “antisistema”, a tal punto hubo una exaltación del mismo excluyendo todo juicio moral de ese territorio.  ¿Cuál fue el problema? Que estas ideas fueron tomadas por los medios hegemónicos de comunicación y reprodujeron un nuevo modelo de sexualidad, que ya no era tradicional, pero que exaltaba al cuerpo de la mujer desnuda constituyéndola como objeto de deseo de los hombres bajo el lema de la “libertad”. La televisión, las revistas, las publicidades, incluso la industria pornográfica, todos se encargaron de dejar un mensaje bien claro: la sexualidad seguía estando a la orden del placer masculino.

Debemos destacar que este escenario también posibilitó que muchas mujeres pudieran cuestionar ese modelo sexual tradicional al que estaban sujetas, advirtiendo que pocas veces se sentían identificadas con aquellas mujeres de la pornografía; que pocas veces se veían satisfechas; que poco conocían su cuerpo; que esa libertad estaba dirigida por el placer masculino. Dentro de algunas mujeres de la época podemos mencionar a Kate Millet, quien sostuvo que “el amor era el opio de las mujeres”, la planta que adormecía sus inquietudes y las llevaba a la sumisión y al conformismo: “mientras nosotros amábamos, ellos gobernaban el mundo”. Sin embargo, fueron silenciadas, tachadas de locas, lesbianas, feas, puritanas. La ideología de la prostitución encontraba así una nueva base: el mito de la libre elección y el consentimiento. Si la prostitución es voluntaria y hay consentimiento, la libertad individual aparece como un factor determinante para su aceptación.

En este sentido, Ana De Miguel distingue entre las sociedades de patriarcado duro o coacción en las que legalmente se establece la inferioridad moral, intelectual y física de las mujeres, reduciéndolas al ámbito privado y al servicio del hombre, y las sociedades de patriarcado blando basadas en el consentimiento, en las que el patriarcado se manifiesta a partir del mundo de la creación: cuentos, novelas, canciones que orientan a las mujeres a elegir cosas distintas que los hombres. En una entrevista, Ana ilustra esto de manera muy precisa a través de un ejemplo: al nacer una mujer inmediatamente se ofrece perforarle las orejas, desde ese primer momento en su vida es marcada por la sociedad. Eventualmente, en el desarrollo de su vida, esa niña tomará varias decisiones: la elección del color rosa; las novelas de amor; los juegos de cocina o cuidado de niños. Elecciones que creerá libres, pero que en realidad no son más que respuestas a nuestra sociedad patriarcal.

En este  punto de la historia, la sexualidad de la mujer dejó de estar entre las sombras, pero lejos de producirse un verdadero cambio en su modo de percibirla y vivirla, se la concibió nuevamente desde una perspectiva patriarcal: se hiper sexualizo a la mujer, reduciéndola a un mero objeto de consumo masculino.

*La autora es estudiante de Derecho (UNLP).

Cerrado por fútbol

Opinión | Por Antonella Bormapé |

 

Quien se detenga a pensar una respuesta sobre qué tienen en común el amor por “la camiseta”, la aflicción de haber perdido, la pasión por el equipo y la violencia de defender la bandera, podrá salir airoso respondiendo que se trata de un conjunto de pasiones humanas.

Sin embargo, si bien esa afirmación suena lógica, me atrevo a pensar que me están describiendo el espacio donde los varones se permiten manifestaciones que en otros ámbitos les son impensadas, o al menos invierten la lógica tradicional.

No es una sorpresa, entonces, que si ese es el espacio donde las manifestaciones más pasionales de gran parte del género masculino saldrán eufóricamente a relucirse sin tapujos, hablemos de un espacio cerrado, pues donde la masculinidad descansa, la aparición de las mujeres no solo los dejaría inevitablemente en evidencia atentando contra su seguridad, sino que, además, alteraría las reglas que lo rigen. Impensado.

Hasta acá, hablé de fútbol. Y desde acá, referiré al fútbol femenino. La distinción se debe a que, según Wikipedia, este último es “una variante del primero”, y si bien la distinción parece injusta e infundada, si vamos a los números podría pensarse que hablamos de dos deportes distintos. Veamos:

  • 5.200 biografías de futbolistas hombres son las que aparecen en la mencionada enciclopedia online, frente a solo 13 de jugadoras mujeres.
  • 6.000 son los artículos dedicados al fútbol masculino, y apenas 32 se vinculan a imaginarán quienes.
  • 30 millones son, aproximadamente, las mujeres que juegan al fútbol en el ámbito federado, amateur o profesional en el mundo.
  • 358 millones son los dólares que la FIFA entregó en el Mundial Brasil 2014 y 400 los que le otorgó a Rusia 2018.
  • 50 millones son, en cambio, los entregados para el Mundial de Fútbol femenino a disputarse en Francia en el 2019.
  • 24 millones de pesos anuales, son los que destinará la AFA para que puedan repartirse entre dieciséis equipos que juegan en la Primera División de fútbol femenino en Argentina, recientemente profesionalizado.
  • De 12.500 pesos es el salario mínimo legal en este país y de 15.000 pesos el sueldo básico que cobraría una mujer jugadora de la primera división.

Sin embargo…

Del año 1930 es la normativa que establece los derechos de los jugadores sin establecer diferencia entre hombres y mujeres, y 90 son los años que lleva el fútbol masculino siendo profesional. En cambio, en un país donde casi un millón de mujeres eligen el fútbol como deporte, el 2019 fue, recién y por fin, el año de su profesionalización, luego de reclamos realizados en las canchas, en banderas, en las calles, en la Justicia y en las redes sociales.

La historia del fútbol femenino sin dudas lleva años, y en un contexto donde el feminismo atraviesa casi todas las áreas de la sociedad y después de semejante masificación del movimiento en el 2018, donde mucho tuvo que ver el reclamo por lograr la autonomía sobre nuestros cuerpos, no es extraño que el deporte más popular y masivo de nuestro país no haya permanecido ajeno a la lucha, sino que también fue protagonista de una transformación sin precedentes en el último año en la Argentina. De ser una actividad marginal y olvidada, ha pasado a tener mayor visibilización y a alcanzar conquistas históricamente postergadas. No obstante, aún estamos a mitad de camino.

 


“Llegó la marca de un movimiento que abre la cancha para visibilizar la igualdad en el fútbol”


 

Si bien el “Chiqui” Tapia se anunció con el pecho inflado como “el presidente de la igualdad de género” y la AFA visibilizó el tema profesionalizando a las mujeres que quieren dedicar su vida al fútbol, la verdadera resistencia de la sociedad se relaciona con los estereotipos construidos por el género, que no hacen más que relegar el fútbol femenil a un segundo plano, y negar el apoyo económico y la cobertura que merece. En otras palabras, el avance fue sustancial pero incompleto, y profesional no fue sinónimo de suficiente: un mes después de aquel anuncio (que solo abarcó a equipos de la ciudad de Buenos Aires y alrededores, dejando afuera a las ligas del interior más competitivas), las jugadoras de la Selección debieron realizar un paro y no presentarse a las convocatorias. No cuentan siquiera con las condiciones básicas que les permitan poder vivir de ello, ni viáticos dignos, ni obra social, ni prepaga, ni indumentaria y calzado propio, ni condiciones de entrenamiento adecuadas, ni formación a largo plazo, y, como si ello no fuera suficiente, su sueldo equivale a un monto apenas mayor al mínimo vital.

La llegada del feminismo al espacio futbolero implica ciertos cuestionamientos que rápidamente despiertan argumentaciones defensivas en respuesta, vinculadas por ejemplo a la idea de que el fútbol de hombres genera y necesita más dinero por su mayor número de observadores. Pero esta mirada presupone la creencia en que el mercado asigna correctamente los recursos económicos, como si detrás de esa distribución no hubiera múltiples factores sociales que condicionan el funcionamiento de esta institución. Esa lógica mercantilista es precisamente la que viene a ser cuestionada: la desacralización del mercado que abre la posibilidad de impugnar sus lógicas desde una mirada ética cruzada por el feminismo. Revisar las asimetrías de género sin permitirse una crítica a la forma en que funciona el mercado restringiría notablemente el espacio de transformación.

Además, las mujeres ya no se conforman con ser profesionales, sino que también visibilizaron la necesidad de avanzar en otros terrenos: se convirtieron en relatoras, jefas de hinchadas, entrenadoras, testeadoras de camisetas y hasta lograron incluir el lenguaje inclusivo en los comunicados oficiales.
Los clubes de primera división, en un mundo machista como pocos, están revolucionados con los cambios. Llegó la marca de un movimiento que abre la cancha para visibilizar la igualdad en el fútbol.

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El mundial:  “No somos 11, ni 22”

Del 7 de Junio al 7 de Julio, en París, y con 24 selecciones divididas en 6 grupos será como se disputará este año la edición del máximo torneo femenino, que no solo tiene su propio álbum de figuritas y sino que cuenta con un memorándum firmado entre la FIFA y la ONU Mujeres con el objetivo de ayudar a mujeres y niñas a través del fútbol.

“Jugamos para una nación que no sabe nuestros nombres”, dice el desafiante spot de la selección alemana de mujeres en el año de la Copa Mundial Femenina en París. De eso se trata, pues estoy segura de que es probable que esta nota llegue a ojos de más de un apasionado futbolero, bien informado sobre el tridente ofensivo Messi- Agüero- Suarez frente a Nicaragua, atento a la posible vuelta de Mascherano, sorprendido porque Zárate quiera terminar su carrera en Boca, enterado de que Independiente volvió a llevarse al técnico de Defensa y Justicia y al tanto del Real anunciando a Hazard. Sin embargo, probablemente sean contados los que sepan que el año pasado, tras ganarle a Panamá en el partido de ida por el repechaje en el estadio de Arsenal, y frente a 11.500 personas, nuestra selección femenina se reservó una plaza en el mundial a disputarse en Francia, después de 12 años de ausencia.

Dirigidas por Carlos Borello, y con Estefanía Banini como capitana del equipo, las Albicelestes se ponen los botines y viajan a Francia a compartir el Grupo D con Escocia, Inglaterra y Japón, y con la idea de disputar un juego con lógicas muy distantes al fútbol hegemónico, ya que, en Argentina, son ellas las que han logrado penetrar y corromper hasta las cuestiones más profundas inherentes a la tradicional cultura futbolera Argentina: cambiaron enemistad por rivalidad sana, disputaron los cánticos tradicionales y pretenden transformar el fútbol en un espacio libre de discriminación.

Así lo ilustró en Twitter la jugadora con la cinta en el brazo y el 10 en la espalda: “NO SOMOS 11 NI 22, SOMOS MUCHAS MÁS”.
Sí, las pibas se van a Francia, a pelear el Mundial y todas las desigualdades de género, y a soñar con la refundación del violento, machista, corrupto y mercantilizado espacio del fútbol.

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Será Ley: claves del nuevo proyecto que llega al Congreso

Opinión | Por Antonella Bormapé |

 

Hace un año que bajo el impulso de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, articulación federal que nuclea el reclamo por esta demanda, logramos que por primera vez después de 13 años, se debatiera en el Congreso la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (I.V.E). Se trató del proyecto de ley más discutido de la historia de nuestro país, con más de setecientas expositoras y expositores en cuatro meses de debate.

No obstante, tras lograr la media sanción en Diputados, fue en la madrugada del mes de agosto y tras un extenso debate, que dicho proyecto fue rechazado por 38 votos en contra reunidos por senadoras y senadores de Cambiemos, el PJ Federal y uno del kirchnerismo, contra 31 a favor.

A pesar de ello, todo ese día indicaba que ya no había vuelta atrás: en las afueras del recinto, miles de personas ya se habían adueñado de las calles a pesar del frío y la Plaza del Congreso era poblada por la demanda popular. La multitudinaria movilización demostró una participación política inédita, sobre todo de parte de las juventudes. Esa noche, las mujeres ganábamos las calles y el tratamiento de la ley traspasó el edificio legislativo siendo no solo político, sino también social.

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Este proceso, dio inicio a la “marea verde” en la Argentina y el mundo, demostrando que el aborto legal, seguro y gratuito es una demanda popular y masiva, y que forma parte
de los reclamos históricos del movimiento feminista que se manifiesta de forma coordinada, territorial, transversal, política e intergeneracionalmente.

Hoy, 28 de mayo y casi un año después, en ocasión del Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres, la Campaña vuelve a presentar por octava vez un nuevo proyecto, modificado con lo aprendido durante el debate parlamentario del año pasado y con algunos cambios en la redacción para evitar discusiones que ya fueron saldadas en el debate anterior, con el objetivo principal de ampliar el apoyo a la iniciativa.

Dando cuenta de ello y de la ampliación de la transversalidad de apoyos, las primeras quince firmas son de Brenda Austin, Carla Carrizo, Victoria Donda, Mónica Macha, Romina del Pla, Carolina Moises, Cecilia Moreau, Araceli Ferreyra, Monica Schlotthauer, Mayra Mendoza, Silvia Lospennato, Daniel Lipovetzki, Daniel Filmus, Nicolás del Caño y Hugo Yaski, abarcando un arco partidario notablemente amplio.


“Con este nuevo proyecto, que abraza una perspectiva en derechos humanos y feminista, incorpora a la ESI y armoniza con la Ley de Identidad de Género, la marea verde vuelve al Congreso”


Sin embargo, las lógicas parlamentarias en años electorales son difíciles en general, más allá del tema de la I.V.E, y desde la Campaña se entiende que los tiempos políticos son impredecibles, debiendo crearse las condiciones para que la política avance. Esperan que la iniciativa sea “tratada y aprobada” pese al revés legislativo del año pasado, y aún advirtiéndose que influirá la campaña electoral, los sectores que impulsan la legalización del aborto volverán a insistir, nuevamente con el acompañamiento de acciones federales simultáneas que se darán en más de cien ciudades del país, y apoyados por pañuelazos y concentraciones en diversas partes del mundo.

 

LAS MODIFICACIONES 

Como consecuencia de los debates que se dieron en el 2018, surgieron una serie de modificaciones en el proyecto original. Sin embargo, hay una base que permanece: el plazo para que pueda ser realizado un aborto sigue siendo solo durante las primeras 14 semanas de gestación, y, luego de ese plazo, si corre riesgo la vida o la salud de la mujer y en casos de violación.

Cuerpos gestantes –   No obstante, el artículo que hace alusión a dicho plazo, ya no referirá solo a las mujeres sino también a “otras identidades con capacidad de gestar”, reconociendo como sujetos de este derecho a todos los cuerpos gestantes.
Esta modificación se dio en el marco de la ampliación de derechos respecto del reconocimiento y respeto de la identidad de género de cada persona, entendida como “la vivencia interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento”.

Objeción de conciencia –   Otra de las novedades contempladas en el texto es que no se incluye la objeción de conciencia para los profesionales de la salud, un punto que fue clave en la discusión para garantizar votos a favor de la iniciativa durante su debate en el Congreso.

Malformaciones fetales –   Además, se eliminó la causal de las “graves malformaciones fetales”, dando lugar a los cuestionamientos de organizaciones que trabajan sobre derechos de las personas con discapacidad.

Despenalización –   En cuanto a la despenalización, el proyecto es más que claro: “No es delito el aborto realizado con consentimiento de la mujer o persona gestante hasta la semana 14, inclusive, del proceso gestacional”. En la misma línea, añade que “la mujer o persona gestante que causare su propio aborto o consintiere que otro se lo causare en ningún caso será penada”. También establece que se debe garantizar la práctica dentro de los 5 días de su requerimiento y debe estar cubierta  en hospitales, obras sociales y prepagas.

Educación Sexual Integral –   El texto modificado incluye, además, un artículo que reafirma las obligaciones del Estado sobre el dictado de la ESI y prevé que las mujeres reciban información, acompañamiento y métodos anticonceptivos.


Con este nuevo proyecto, que abraza una perspectiva en derechos humanos y feminista, incorpora a la ESI y armoniza con la Ley de Identidad de Género, la “marea verde” que nunca se fue sino que, por el contrario, creció exponencialmente entre un año y otro, vuelve al Congreso con el convencimiento de que el reconocimiento del derecho al aborto en leyes e instituciones es la gran deuda de la democracia para con las mujeres y personas con capacidad de gestar en la Argentina, porque la demanda de una práctica de salud no puede devenir en violencia institucional, punición, estigmatizaciones o amenazas de encierro.

La transformación hacia una sociedad más democrática y plural requiere compromiso político con un Estado laico e igualitario que haga efectivas las demandas populares y que garantice nuestros derechos.  El Proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo se enmarca en el respeto a la decisión responsable, en la justicia social y en la perspectiva de derechos humanos.