De periodismo, campañas y líneas discursivas

Algunos apuntes sobre la comunicación política y el periodismo en tiempos de campaña electoral

Opinión | Por Milton Rivera*|

 

Como casi siempre en campaña, el periodismo recupera la centralidad que en tiempos normales a veces parece despreciar. En años electorales cualquier despabilado tiene la facilidad cierta de desanudar las confusiones que presentan los matices del oficio. Esto sirve, esto no, esto aporta, esto perjudica: esto es periodismo, esto es una forma engañosa de presentarlo como tal. Lejos de merecer un análisis sombrío, creo que en cierta medida guarda un carácter ordenador y permite ver los destellos de claridad que surgen dentro de la locura que representa la dinámica electoral. Desde esta revista va un tímido intento por aportar a ello.

De aquí la importancia de analizar los discursos de las dos fuerzas políticas más competitivas. Desde Juntos por el Cambio se habla de la elección más importante desde la vuelta de la democracia. Se apela al voto útil pero desde un punto de vista trágico, casi apocalíptico. Es racional, dice Andrés Malamud: el votante de Cambiemos es menos intenso y puede decidir quedarse en casa. Pero si algo se reconoce de este tiempo, es el fortalecimiento de las vías institucionales y la democracia, al punto que Macri terminará su Gobierno a pesar de no tener credenciales peronistas. Un intento parecido parece haber surgido desde la Provincia cuando Vidal se sinceró ante empresarios al reconocer que pierde por dos puntos en las PASO (puede ser pensado como un tirón de oreja para que la gente vaya a votar).

La coordinación de Peña está debidamente aceitada y hasta parece apostar a nuevos recursos desde su laboratorio digital. Si bien en este momento da la sensación de que la fuerza opositora logró recuperar la agenda de discusión desde la economía, (hoy) marginales concejales pinamarenses se empeñan en alcanzarle soluciones rápidas al equipo de Duran Barba. Dejar hablar para el revival del pavor venezolano, la persecución y el totalitarismo que dieron resultados en 2017. Si la discusión vuelve a encauzarse hacia el punto débil (flaquísimo) que tiene el Gobierno, el equipo para enfrentar tamaño desafío ya fue elegido: parece ir con la delantera Lousteau-Lacunza (a la que ocasional y paradójicamente puede sumarse Guillermo Nielsen).

alberto fernandez 5
FOTO: Télam

Las avivadas de Pichetto son vistas puertas adentro como el condimento peronista que faltaba para estos tiempos de transveralidad federalista del movimiento que “no lo contuvo”. Entonces por un lado vemos una insistencia para exagerar la importancia de esta elección, y un esperar y ver qué pasa: apostar a los errores no forzados y la desorganización del adversario; y por ultimo, en caso de no llevar las riendas de la agenda pública, atender las discusiones de manera ordenada y con voceros cuidadosamente seleccionados. Los chispazos del candidato a vice son un detalle que puede sumar.

Del otro lado la cosa viene más complicada, como era de esperar. El peronismo se reconstruye siempre sobre la marcha y no se asienta definitivamente sobre un nuevo liderazgo hasta tanto no gane otra elección. El Frente de Todos se conforma por fuerzas que hasta hace poco tenían diferencias de concepto muy grandes y algunas con liderazgos propios. No está claro quien conduce la campaña y cuáles son sus líneas discursivas. Todos los actores luchan por llevar el foco de discusión hacia un mismo puerto, que es la economía, pero no lo hacen de forma coordinada sino mas bien con cruzadas individuales. A veces Cristina dice algo que Alberto se ve forzado a matizar con su carácter presuntamente moderador. Queda a las claras que al candidato a presidente se lo expone mucho y se lo carga de cosas. Se lo puede ver arbitrando una disputa dentro de su espacio, actuando como jefe de campaña de su propia candidatura, o como moderador de los impulsos agresivos de algunos compañeros, aunque nadie modere los suyos. “A Alberto no se lo cuida”, se quejan desde el Instituto Patria. 

 


«En el Frente Todos, todos los actores luchan por llevar el foco de discusión hacia un mismo puerto, que es la economía, pero no lo hacen de forma coordinada sino mas bien con cruzadas individuales»


 

Es cierto que si los diarios de mayor tirada titularan con declaraciones desafortunadas de algunas figuras cercanas al Gobierno la cosa estaría más pareja (porque exabruptos sobran aquí y allá). Pero en primer lugar, si bien Aníbal Fernandez es un político marginado sin ninguna incidencia en la toma de decisiones del espacio, hasta hace poco encabezaba la lista como candidato a Gobernador de Buenos Aires. Aníbal es el último episodio de una serie de errores e infortunios que, sumado a la capacidad del Gobierno para ganar elecciones que se le presentan casi imposibles de movida, pueden reordenar el mapa electoral si no se corrige de inmediato el caos desde este lado.

Como no se terminar una nota sin el final circular tan trillado, volvamos a la función a la cual nos gustaría aportar desde este lugar. El periodismo podría funcionar como ese equipo ofensivo, que propone y que va al ataque desde que suena el silbato. Que intenta desactivar las estrategias de los amarretes, que no quieren jugar: un periodismo bielsista. Entre tanto arte de conducir elecciones, las propuestas serias brillan por su ausencia y se cae en simplismos y retóricas inútiles. Hay temas urgentes que requieren explicaciones, inventiva, sensatez e ideas sólidas y elaboradas. Eso esperamos desde acá, arrinconar al que está enfrente y forzarlo a salir jugando con categoría y personalidad, como necesita este país. 

 

*El autor es estudiante de Ciencia Política en la Universidad Católica Argentina (UCA) y editor en Segunda Vuelta Revista.

Bienvenidos a la máquina: claves para entender el nuevo periodismo

Opinión | Por Milton Rivera |

 

Los principales funcionarios del Gobierno de Cambiemos se ubicaban como una pared de concreto en posición anfiteatrada frente a las gesticulaciones exageradas del presidente. Nadie decía nada más que un suspiro condescendiente cuando Macri largaba alguno de sus latiguillos sarcásticos que a esta altura ya parecen ser incontrolables para los asesores comunicacionales. “Siempre me calentó la mentira”, dice. En línea con las últimas declaraciones públicas, se muestra combativo. Para los esperanzados en el entierro de la famosa grieta y que no parecen dispuestos a desilusionarse: sopapo tras sopapo. Entre guiones cinematográficos y frases vacías transcurrió otro acto que viene a demoler el idealismo de una sociedad rica y constructiva en la divergencia: si no lo hubieran combatido de antemano capaz pasaba.

Aviso al lector antes de continuar con el scroll: por si no se nota, acá hay alguien que escribe. La aclaración responde a la necesidad de pararse fuera de lo que Martín Caparrós, en su libro Lacrónica, llama la Máquina-Periódico. Hace rato que no se habla de la crisis del periodismo, que por otra parte su vigencia se acentúa si uno se guía por las notas más leídas de los portales digitales. Por eso, lo urgente de la redefinición de algunos conceptos que pueden salvarnos del cataclismo: ¿Qué es noticia? ¿Qué es el periodismo y cuál es su mecanismo de adaptación? Nuevo periodismo: ¿Tiene lugar la literatura? Objetividad y subjetividad.

Para empezar, en la necesidad de combatir la inmediatez, las descripciones pobres e “impersonales” han ganado terreno. Detrás del velo del interés público muchos profesionales fueron cediendo a la cobertura de acontecimientos nimios y a la redacción chata: “objetiva”, distante. Por eso el comentario al pie del fragmento que fue usado para ejemplificar la nota sobre la reunión de gabinete ampliado de Cambiemos. Reivindicar lo político de la escritura periodística y su carácter esencialmente subjetivo (hoy) resulta de suma importancia. No de manera tan explícita como leemos más arriba; sí en los detalles, en las descripciones, en la primera persona, en la adjetivación: en el discurso, para ganarle a la máquina. Esa que dice aquí no hay nadie que escribe: esto es una ventana y del otro lado está la realidad tal cual sucede, sin intermediación. Esta es la verdad. Además del cinismo característico de sus voceros, esta teoría es la responsable de contenido con construcciones superficiales y limitadas, que en el afán de ser eficaces y espontáneas terminan siendo lo contrario: conservadoras.

Los parámetros para definir qué es y no es una noticia parecen encontrar la excusa perfecta en el interés público. Pero lo más lamentable, y quizás la causa de la distorsión más grande de los medios de comunicación en los últimos años en Argentina, es el hecho de que la noticia se transformó en un buen negocio. La llegada del gran capital a grupos, agencias o medios particulares para explotar los réditos (no tanto económicos, mas bien políticos) de su producción, sepultaron algunos valores esenciales del periodismo. Kapuscinski, en su libro Los cinco sentidos del periodista, explica que este era considerado un oficio cargado de principios y, leído en términos actuales, se lamenta porque el ingreso de personas completamente ajenas a su esencia implicó también un cambio rotundo en el trabajador: ahora es un trabajo trivial, como cualquier otro, “y el que hoy es periodista, mañana puede ser empleado de un banco o trabajar en una oficina”. En resumen, se reemplazó la ética de la verdad por la de la conveniencia, lo que aleja a potenciales nuevos periodistas y margina a los viejos buenos.

 


«Reivindicar lo político de la escritura periodística y su carácter esencialmente subjetivo (hoy) resulta de suma importancia»


 

¿Cómo superar una dificultad de doble vertiente?

Cuando en la década del ’60 surgió en Estados Unidos una oleada de ideas nuevas sobre la profesión, lideradas por personas que entendieron que el lenguaje periodístico clásico no describía tan nítidamente los sucesos que cubrían, el concepto de nuevo periodismo fue ganando lugar en un contexto parecido al de hoy (en crisis). Pero la dificultad de garantizar el surgimiento de un nuevo Gay Talese o un joven Norman Mailer, Tomás Eloy Martínez o Gabriel García Márquez (para ser más coterráneos), o la presencia de alguna mujer discípula de Robin Green que revolucione las editoriales de las revistas más famosas (y que todos ellos pongan otra vez la literatura al servicio del periodismo) se inscribe en dos claves de este tiempo: el surgimiento de nuevas tecnologías, que arrastran otra vez la discusión en dirección a los dispositivos y a su carácter inmediato; y la imposibilidad de derrotar a la máquina. Esto es: ir contra el sistema, salir del círculo de sometimiento. Caparrós dice: “Te doy basura, te entreno en la lectura de basura, te acostumbro a la basura, me pedís basura, te la doy”.

En este sentido, Jorge Fontevecchia, en Periodismo y verdad, identifica dos infraestructuras del periodismo: el sistema político y el sistema tecnológico. Es común que los problemas relacionados a los cambios más vertiginosos (llámese nuevas tecnologías) hoy ocupen la centralidad del debate, pero no hay que olvidar ni por un segundo la participación intelectual y harto escuchada denominación de “cuarto poder” que caracteriza a la profesión. Sustento de la democracia representativa y la división de poderes, el periodismo muchas veces cuando es atacado por partidos con vocación hegemónica debe encontrar otra salida que no sea la militancia, porque entonces estaría entrando en el juego del totalitarismo y la ceguera que tanto combate.

Debido a que hoy cualquiera puede ser periodista armado apenas con un smartphone; de la bipolaridad de la opinión pública -incontrolable e ingobernable por otro lado-; de los bot, trolls y la dispersión de sus fake news; y por el momento crítico que están atravesando los medios de comunicación y las agencias de noticias, sobre todo en Argentina: los periodistas deben afirmar una vez más los conceptos esenciales del buen ejercicio del periodismo. Los escritores que más valgan terminarán siendo los que engañen a la máquina. Los que hagan detener el ojo del caminante de a pie en un hecho que no suscita interés público, que no es noticia, y los que combatan las amenazas al sistema republicano de gobierno y todos sus atropellos. Steve Jobs fue el genio que fue por el arte de convencer; se negaba a regalar sus ideas y ponerlas al servicio del consumidor porque creía que había que cambiar sus hábitos y costumbres: muchas veces la gente no sabe lo que quiere hasta que se lo mostrás. Es hora de innovar en periodismo, como lo hicieron hace 60 años en Estados Unidos, para volver a ponerlo en el lugar que merece. Prosa literaria, redefinición de los criterios noticiables, ética de la verdad y un pacto periodista-lector de subjetividad explícita.

Más allá de esto, sabemos que hay cambios inevitables. No es cuestión de ponerse en una posición negadora, reacia a las transformaciones que por otra parte deberían impulsar a la profesión –no solo a esta- a reinventarse sabiendo aprovechar las ventajas que van apareciendo (aunque pareciera que en este sector está pasando todo lo contrario con responsabilidades que empapan a multitud de actores). Por eso entendemos que el foco debe correrse y apuntar más a las entrañas de la producción del contenido. En esta múltiple crisis, algunos intelectuales del medio surgen como destellos de claridad. Tan simple y clara como siempre, Leila Guerriero le puso palabras a la reivindicación del periodismo progresista: “El periodismo debe volver a contar historias”. Debe reinventarse, volviendo a las bases.